dimecres, 24 de juny del 2009

Bofill... por tierra, mar y aire

"Definir el concepto es la parte mágica de la arquitectura, lo más creativo". Ricardo Bofill.


Tenía pensado dedicar un post a la figura del arquitecto barcelonés y su obra, desde el día que leí lo que se dijo en la inauguración del Hotel W, más conocido como Hotel Vela. He preferido esperar hasta que la T-1 estuviera también en marcha para analizar en conjunto toda la obra del arquitecto de moda en la ciudad condal.

Tuvo a acabar sus estudios en Ginebra ya que fue expulsado de la Escola d' Arquitectura de Barcelona por su implicación política. Empezó su obra en Barcelona y esta se ha caracterizado por una línea sinuosa en el tiempo. Los inicios fueron más que prometedores, gracias sobretodo al famoso Walden 7, que presentaba al mundo una tipología nueva de vivienda. Los estudios o viviendas sociales, distribuidos en módulos de 30 m2 y que por el entonces supusieron una rebaja sustancial en el precio de los pisos de protección oficial. Se convirtió en un hito académico y marcó una nueva línea de trabajo en la concepción de la ciudad. Posteriormente, dicen las malas lenguas que por las malas relaciones con los encargados del ayuntamiento, su obra se alejó de la ciudad que le vio crecer y se repartió por toda la geografía mundial.
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Tras varios intentos por volver a casa sin mucho éxito, los encargos de la Terminal 1 del Aeroport de Barcelona y el Hotel Vela, lanzan de nuevo a Bofill al primer plano de la actualidad. En los tiempos que corren, en los que la fiebre de los "archistars" y el mediatismo de los edificios, Barcelona a recurrido a un arquitecto "de cantera" para construir las puertas de entrada por tierra y mar. Y me alegro especialmente porque siempre he sentido una especial devoción por el Sr. Bofill. Simplemente porque unos meses antes de empezar mi carrera de arquitectura, me topé con un libro de la gran Anatxu Zabalbeascoa titulado La casa del arquitecto. Se trataba de una recopilación gráfica de las casas diseñadas por los arquitectos del momento para ellos mismos. De entre todas, una.
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En 1973 Ricardo Bofill encontró una fábrica de cemento de principio de siglo en desuso y decidió transformarla en su lugar de trabajo, el Taller de Arquitectura además de su casa. La fábrica, por aquel entonces abandonada, era una suma de elementos surrealistas: escaleras que subían a ninguna parte, estructuras de hormigón armado que no sostenían nada, trozos de hierro suspendidos en el vacío, espacios desiertos llenos de magia. La transformación comenzó con una demolición selectiva de la antigua estructura hasta dejar visibles sus formas ocultas y definir los nuevos espacios. La remodelación me parece simplemente exquisita, suprema, abrumadora. De hecho se la ha bautizado como "la catedral". Una sala polivalente en planta baja, que se utiliza para exposiciones, conciertos y demás eventos públicos. Encima espacios a 5 o 6 alturas, puertas enigmáticas, circulaciones secretas. Todos los objetos se empequeñecen y se pierde la escala doméstica. Una auténtica joya. Un proyecto sólo al alcance de los grandes.

Y es de ahí de donde han salido el Hotel W, un edificio que se ha saltado hábilmente todos las normativas de protección de costas, metiéndose en terrenos portuarios. Que pretendía superar a la Sagrada Familia en altura y que ha sido diseñado para que al visitarlo todos hagamos Woh!! (de ahí su nombre). Cuando volví de Roma en barco, pude sentir la intención del arquitecto. Marca la entrada a la ciudad por mar, como un barco anclado en el puerto. A lo lejos resulta atractivo a la vez que impactante. El problema está al acercarnos. Demasiadas referencias nos vienen a la cabeza.

Respecto a la T1, no me pronunciaré mucho. Cuando tenga la posibilidad de visitarla, volveré a comentar. Conozco el proyecto y lo tiene todo para que el edificio sea espectacular. "La forma es vagamente metafórica, entre un avión y un pájaro", explica el arquitecto señalando así la entrada a la ciudad desde el aire. El edificio de la terminal tiene dos grandes bloques principales, uno ancho en el que se realiza la facturación, seguridad y recogida de equipajes, y otro longitudinal en la que están las zonas de embarque y espera. Además, está conectado con el aparcamiento y la estación intermodal (adonde en el futuro llegará el metro y el tren de Cercanías) con una pasarela en cuya parte superior se ha situado un centro comercial. Hoy en día realizar un aeropuerto es uno de los desafíos mayores para cualquier arquitecto. No es solo lo que vemos, de hecho, los pasajeros solo ven un tercio del edificio. Creo que es un edificio más que notable con lo último en I+D a pesar de los recortes presupuestarios a los que ha tenido que hacer frente.

Desde tierra, mar y aire, un arquitecto de la ciudad nos da la bienvenida.

3 comentaris:

  1. paraules d'un altre gran arquitecte!

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  2. Està molt bé l'explicació. La meva pregunta, però, és si a Barcelona li feia falta un hotel com el Vela. Deia Bofill que hauria d'haver estat més alt i tot, per tenir una línea més agradable. El del paissatge urbà i l'skyline és un tema tan delicat...

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  3. Pau, depén del sentit en el que formulis la pregunta. Segurament no li feia falta un hotel en l' ubicació que se li ha donat, però si que es ben cert que Barcelona tenia una manca de places hoteleres de luxe. Aquest hotel es un 5* luxe i a Barcelona molts pocs complexes hotelers gaudien d' aquesta etiqueta i era molta l' oferta. La discussió es genera en quant a l' imatge que aporta a la ciutat. La meva impressió va canviar al gaudir de l'skyline desde el mar, que és pel que s' ha pensat. Quan arrives en vaixell se't presenta Barcelona com és, i com la venem. Presumim de tenir una ciutat total, amb paisatges naturals de lo más variables, amb història, cultura i amb el toc modern o cosmopolita que ens ha llençat a l' exterior. Aixó precisament representa l'skyline vist desde el mar. De fons Collserola i el Tibidabo (aportan la part vegetal), entre mig la Torre Agbar i les Mafre (signe de modernitat), les torres de la Sagrada Familia (signe del legado de Gaudí), l' estatua de Colón (com a nota històrica) i ara el Vela, que aporta l' altre element natural elemental de la ciutat, el mar. Amb una simple visió, desde lluny, es resum BCN. Desde dins, cap al mar no treu lo més valiós que per mi es l' horitzó (de fet aporta una plaça davant per gaudir d' ell).
    Potser l’ argument té una manca de sensibilitat per els que estem a dins, però es un hotel i com a tal, s’ ha pensat per els que venen de fora. Crec que amb el temps passarà com amb la Torre Agbar, que l’ acceptació anirà en augment.

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