dimarts, 13 de juliol del 2010

Dignidad condenada

Este fin de semana los sentimientos salieron para manifestarse. Rojo y amarillo han sido los colores de dos días de vida en la calle. El sábado bajo a un sentimiento de dolor, de frustración, de agotamiento y del más puro sentimiento de aquellos que notan que su dignidad ha sido condenada a cadena perpetúa. Por su parte el domingo, alrededor de una alegría de lo más material, de una hazaña que durante tantos años se disfrazaba de utopía. La trascendencia de los hechos, menosprecia el sentimiento catalán para abrazar aún más con una sábana rojigualda a la totalidad de los que algunos llaman “la unidad indisoluble”.
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La realidad es otra. La nación catalana, con su lengua, cultura y un legado milenario se niega a hacer suyo un nacionalismo de imposición que desde el edificio más horroroso de Madrid, un grupo de “antigüedades” pretenden establecer, amparado por un marco constitucional, que no responde a la esencia de la misma. La semana previa a la manifestación, imaginaba un encuentro de gente con ganas de hacer ver a este país que las urnas deben respetarse, que disponer del Estatut o lo que es lo mismo, un cierto grado de autonomía, es de recibo y un derecho de la Constitución de la libertad. Pero crispados por los continuos pisotones desde Madrid, las descalificaciones desde todos los puntos de España, la pesada losa de tirar económicamente de un país que no se siente propio, los recortes que no se han producido en otras comunidades y por último, por la inexplicable falta de unidad de aquellos que deben representarnos, la manifestación se convirtió en sentimiento puro. Hace 30 años los catalanes ya habían salido a la calle con la intención de sentirse respetados, de englobarse en una España plural donde tuvieran cabida todos y cada uno de los pueblos diferentes, con sus ideas, su lengua, su historia y una igualdad en cuanto a libertades y responsabilidades dentro de una frontera. Esa idea se ha convertido en una utopía y tras los últimos acontecimientos, el pueblo catalán solo ve una salida; la independencia, por eso tantos catalanes cambiaron la bandera catalana por la estelada.
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Como la jerarquía de intereses establecida en nuestra sociedad va in crecendo desde Belén Esteban hasta la economía o los derechos humanos, me posiciono en un término medio y de gran actualidad para hacer un símil como muestra de lo que pasa en España; el fútbol y en particular la selección española. Hemos disfrutado todos de su juego y los que vamos más allá, de su humildad, valores y unidad. Pero, ¿qué pasaría con esa unidad si se aplicara en sus integrantes las leyes del Tribunal Constitucional? Hemos podido ver como entre los siete jugadores catalanes se habla el català. ¿Existiría esa unidad si se les prohibiera hablar su lengua? Lo que está claro es que sobre el gallego o el valenciano no existiría prohibición. En cuanto a los símbolos, estaría mal visto, como así es, pasearse durante las celebraciones con la senyera sin que los nacionalistas escupan sobre ellos, mientras Pedro y Silva van con la bandera canaria, Sergio Gramos con la andaluza o “el Guaje” con la asturiana, sin desprecio alguno. En el aspecto económico, lo que pasaría es que los jugadores catalanes por tener un mayor poder adquisitivo o excusas similares, se verían obligados a subvencionar el viaje y demás gastos de sus compañeros del resto de España. ¿Creen que no se sentirían menospreciados? Y el día después de la victoria, al repartir las denunciables primas, les tocarían 100.000 euros a los catalanes en vez de los 600.000 pactados para cada uno por los motivos ya citados. ¿Creen que Xavi, Piqué, Puyol y compañía seguirían yendo a la selección?
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Y para colmo “como el artículo de la nación”, el TC impondría sobre todos ellos un calificativo diferente. Mientras los andaluces o valencianos serían campeones del mundo, a los catalanes se les recortaría y pasarían a ser algo así como “colaboradores de los campeones”.
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Si pisotean nuestra dignidad, no existirá la unidad y los catalanes nos moveremos, y si no, siempre nos quedará Jan.

divendres, 2 de juliol del 2010

El legado de Jan

Hay días en los que el mundo sonríe a pesar de estar triste, días de anhelo, melancolía, agradecimiento y cierto temor a un futuro peor. El pasado 1 de Julio fue uno de esos días. Pasados veinte días desde que se celebraron las elecciones en Can Barça, se produjo el traspaso de poderes o lo que es peor, la despedida de Joan Laporta como presidente de la entidad. Después de siete años al mando de la nave, el President dice adiós entre una nube de malas opiniones, una reputación manchada, o mejor dicho, tintada y e incluso un trato despectivo de algunos en particular y el barcelonismo en general. Sigo preguntándome porqué… yo por mi parte tengo mucho que agradecer.
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Gracias President por hacer del Barça una marca universal que basa su filosofía en el trabajo, el sentimiento, la proximidad y la tolerancia, y que engrandece su imagen sin olvidar de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos. Gracias por introducir nuestros símbolos, por incorporar la senyera en la camiseta, porque en San Siro, Old Trafford, Stamford Bridge o Roma, la UEFA por primera vez se ha dirigido a nosotros en català a través de la megafonía, y mientras otros devalúan, pisotean o recortan nuestra lengua, tú la has paseado por el mundo orgulloso. Agradecemos que en la ONU y emulando a Pau Casals, volviera a oírse el “jo sóc català”.
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Gracias Sr. Laporta por no olvidar donde estamos. A nivel nacional, ya éramos un club de los llamados grandes pero siempre en la sombra del “todopoderoso”. Gracias por establecernos, por desacomplejarnos, por ayudarnos a ver la botella medio llena y no medio vacía como antaño. Por introducir la “patología” de la barcelonitis entre los que se creían intratables, por sacar de quicio a la caverna mesetaria, y por no dar motivos a nivel de gestión deportiva para que te ataquen. Gracias por hacer que el Barça sea hoy en día el embajador principal de la Liga española, aunque a muchos no les guste.
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Gracias President Laporta por saber hacia dónde vamos, por hacer del Barça un club puntero a nivel europeo. Por llegar en cinco de los siete años a las semifinales de la máxima competición europea y por supuesto por campear dos veces en cuatro años en La Champions League, porque París nunca la olvidaremos y Roma siempre será eterna. Agradezco también no olvidar las secciones y con todas ella haber logrado el máximo título europeo (dos en fútbol, una en baloncesto, otra en balonmano y cuatro en hockey), al cual debemos añadir otros seis títulos más de los considerados menores.
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Gracias Jan por dar un paso adelante y hacer del F.C. Barcelona, el club más universal. Primero por añadir a este Barça global una dosis de solidaridad, por mezclar nuestro escudo con el logo de UNICEF. Segundo por alcanzar el máximo título intercontinental por primera vez en nuestra historia. El Barça en estos siete años ha abrazado su esencia, la ha establecido en la escala más pequeña y la ha proyectado primero al resto del continente para confirmarse y posteriormente como un ejemplo mundial de entidad deportiva.
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En definitiva GRACIAS por ser el presidente del mejor Barça de la historia y también mejor presidente de nuestros más de cien años. GRACIAS por ser el presidente del Barça más solidario, el más universal, el más laureado y el més català. Porque te has sobrepuesto a los ataques del Grupo Prisa, a las continuas bofetadas de los medios de la capital española, por resistir la injusta moción de censura "Rosellista", i a los directivos oportunistas, que casi nos roban la mejor temporada de la historia del fútbol. GRACIAS por ser el President de tots y no de las élites, por siete años de servicio al club, de trabajo bien hecho, y no lo digo yo, lo dice el legado que dejas tras tu partida, encabezado por 69 títulos y un 2-6 que jamás olvidaremos.
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Ahora los que viene que estén “al loro” y sobre todo como decía la canción de Gloria Estefan: “Sandro, Sandro, yo te pido, no la líes por favor”.