Este fin de semana los sentimientos salieron para manifestarse. Rojo y amarillo han sido los colores de dos días de vida en la calle. El sábado bajo a un sentimiento de dolor, de frustración, de agotamiento y del más puro sentimiento de aquellos que notan que su dignidad ha sido condenada a cadena perpetúa. Por su parte el domingo, alrededor de una alegría de lo más material, de una hazaña que durante tantos años se disfrazaba de utopía. La trascendencia de los hechos, menosprecia el sentimiento catalán para abrazar aún más con una sábana rojigualda a la totalidad de los que algunos llaman “la unidad indisoluble”..
La realidad es otra. La nación catalana, con su lengua, cultura y un legado milenario se niega a hacer suyo un nacionalismo de imposición que desde el edificio más horroroso de Madrid, un grupo de “antigüedades” pretenden establecer, amparado por un marco constitucional, que no responde a la esencia de la misma. La semana previa a la manifestación, imaginaba un encuentro de gente con ganas de hacer ver a este país que las urnas deben respetarse, que disponer del Estatut o lo que es lo mismo, un cierto grado de autonomía, es de recibo y un derecho de la Constitución de la libertad. Pero crispados por los continuos pisotones desde Madrid, las descalificaciones desde todos los puntos de España, la pesada losa de tirar económicamente de un país que no se siente propio, los recortes que no se han producido en otras comunidades y por último, por la inexplicable falta de unidad de aquellos que deben representarnos, la manifestación se convirtió en sentimiento puro. Hace 30 años los catalanes ya habían salido a la calle con la intención de sentirse respetados, de englobarse en una España plural donde tuvieran cabida todos y cada uno de los pueblos diferentes, con sus ideas, su lengua, su historia y una igualdad en cuanto a libertades y responsabilidades dentro de una frontera. Esa idea se ha convertido en una utopía y tras los últimos acontecimientos, el pueblo catalán solo ve una salida; la independencia, por eso tantos catalanes cambiaron la bandera catalana por la estelada.
La realidad es otra. La nación catalana, con su lengua, cultura y un legado milenario se niega a hacer suyo un nacionalismo de imposición que desde el edificio más horroroso de Madrid, un grupo de “antigüedades” pretenden establecer, amparado por un marco constitucional, que no responde a la esencia de la misma. La semana previa a la manifestación, imaginaba un encuentro de gente con ganas de hacer ver a este país que las urnas deben respetarse, que disponer del Estatut o lo que es lo mismo, un cierto grado de autonomía, es de recibo y un derecho de la Constitución de la libertad. Pero crispados por los continuos pisotones desde Madrid, las descalificaciones desde todos los puntos de España, la pesada losa de tirar económicamente de un país que no se siente propio, los recortes que no se han producido en otras comunidades y por último, por la inexplicable falta de unidad de aquellos que deben representarnos, la manifestación se convirtió en sentimiento puro. Hace 30 años los catalanes ya habían salido a la calle con la intención de sentirse respetados, de englobarse en una España plural donde tuvieran cabida todos y cada uno de los pueblos diferentes, con sus ideas, su lengua, su historia y una igualdad en cuanto a libertades y responsabilidades dentro de una frontera. Esa idea se ha convertido en una utopía y tras los últimos acontecimientos, el pueblo catalán solo ve una salida; la independencia, por eso tantos catalanes cambiaron la bandera catalana por la estelada.
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Como la jerarquía de intereses establecida en nuestra sociedad va in crecendo desde Belén Esteban hasta la economía o los derechos humanos, me posiciono en un término medio y de gran actualidad para hacer un símil como muestra de lo que pasa en España; el fútbol y en particular la selección española. Hemos disfrutado todos de su juego y los que vamos más allá, de su humildad, valores y unidad. Pero, ¿qué pasaría con esa unidad si se aplicara en sus integrantes las leyes del Tribunal Constitucional? Hemos podido ver como entre los siete jugadores catalanes se habla el català. ¿Existiría esa unidad si se les prohibiera hablar su lengua? Lo que está claro es que sobre el gallego o el valenciano no existiría prohibición. En cuanto a los símbolos, estaría mal visto, como así es, pasearse durante las celebraciones con la senyera sin que los nacionalistas escupan sobre ellos, mientras Pedro y Silva van con la bandera canaria, Sergio Gramos con la andaluza o “el Guaje” con la asturiana, sin desprecio alguno. En el aspecto económico, lo que pasaría es que los jugadores catalanes por tener un mayor poder adquisitivo o excusas similares, se verían obligados a subvencionar el viaje y demás gastos de sus compañeros del resto de España. ¿Creen que no se sentirían menospreciados? Y el día después de la victoria, al repartir las denunciables primas, les tocarían 100.000 euros a los catalanes en vez de los 600.000 pactados para cada uno por los motivos ya citados. ¿Creen que Xavi, Piqué, Puyol y compañía seguirían yendo a la selección?
Como la jerarquía de intereses establecida en nuestra sociedad va in crecendo desde Belén Esteban hasta la economía o los derechos humanos, me posiciono en un término medio y de gran actualidad para hacer un símil como muestra de lo que pasa en España; el fútbol y en particular la selección española. Hemos disfrutado todos de su juego y los que vamos más allá, de su humildad, valores y unidad. Pero, ¿qué pasaría con esa unidad si se aplicara en sus integrantes las leyes del Tribunal Constitucional? Hemos podido ver como entre los siete jugadores catalanes se habla el català. ¿Existiría esa unidad si se les prohibiera hablar su lengua? Lo que está claro es que sobre el gallego o el valenciano no existiría prohibición. En cuanto a los símbolos, estaría mal visto, como así es, pasearse durante las celebraciones con la senyera sin que los nacionalistas escupan sobre ellos, mientras Pedro y Silva van con la bandera canaria, Sergio Gramos con la andaluza o “el Guaje” con la asturiana, sin desprecio alguno. En el aspecto económico, lo que pasaría es que los jugadores catalanes por tener un mayor poder adquisitivo o excusas similares, se verían obligados a subvencionar el viaje y demás gastos de sus compañeros del resto de España. ¿Creen que no se sentirían menospreciados? Y el día después de la victoria, al repartir las denunciables primas, les tocarían 100.000 euros a los catalanes en vez de los 600.000 pactados para cada uno por los motivos ya citados. ¿Creen que Xavi, Piqué, Puyol y compañía seguirían yendo a la selección?
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Y para colmo “como el artículo de la nación”, el TC impondría sobre todos ellos un calificativo diferente. Mientras los andaluces o valencianos serían campeones del mundo, a los catalanes se les recortaría y pasarían a ser algo así como “colaboradores de los campeones”.
Y para colmo “como el artículo de la nación”, el TC impondría sobre todos ellos un calificativo diferente. Mientras los andaluces o valencianos serían campeones del mundo, a los catalanes se les recortaría y pasarían a ser algo así como “colaboradores de los campeones”.
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Si pisotean nuestra dignidad, no existirá la unidad y los catalanes nos moveremos, y si no, siempre nos quedará Jan.
Si pisotean nuestra dignidad, no existirá la unidad y los catalanes nos moveremos, y si no, siempre nos quedará Jan.

