El miércoles me acosté pronto. Tenía la intención de haberlo hecho antes incluso, ya que tras ver medio partido del Real Madriz, el sueño se apoderó de mi de manera, digamos, excesiva. Pero la inercia de sofá me llevo a seguir ante el televisor y me puse a ver una película llamada “No estas sola, Sara”. Protagonizada por Amaya Salamanca, el corto trataba de la vida de una chica que se enamora de alguien, pero que con el paso del tiempo, los celos de este se tornan una tortura plasmada en forma de palizas, violaciones, humillaciones y demás vejaciones. Era el día de la mujer maltratada. Me senté ante el ordenador con ganas de escribir sobre un tema que me produce repulsa al mismo tiempo que no alcanzo a entender. Empecé a escribir lo que ahora mismo estoy borrando.El día siguiente, un día marcado por la editorial conjunta que 12 periódicos publicaron bajo el lema “La Dignitat de Catalunya”, decidí contrastar información y me topé en El País con una columna a modo de homenaje de Maruja Torres bajo el título “Mis hombres”. Escrito con el corazón, recuerda a cada uno de los hombre que han marcado sus días. Excelente sin más.
Al leerla, me vinieron a la cabeza todas aquellas mujeres que también han sido importantes en mi vida. Las que lo fueron y dejaron de serlo, las que lo fueron y seguirán siendo, las que los son y dejarán de serlo. Todas y cada una, jamás fueron menos que yo.
Le dedico este escrito a la que me concibió en su vientre y me cuida con esmero, contando los días por detalles, por consejos y destellos. A la que me recibía con los brazos abiertos al pisar el rellano, me acogía en su casa y me hacía reír. A las mujeres que contaban los días por volver a verme, por sentarme en su regazo y contarme historias del pasado. A aquella mujeres que llegó para hacer del mundo un lugar mejor, para traer alegría, esperanza... y que un mañana volverá. A la mujer que me daba butifarra y consiguió que pisara el Camp Nou por primera vez. A esa mujer dicharachera que compartió conmigo su adolescencia.
Pienso en la mujer que me enseñó lo que es una mujer, la que me hizo sentir hombre. A aquella que no veo mucho, a la que no llamo. A la mujer triste que me miró a los ojos y confío en mi. Me enseñó el valor de la vida aún sin vivirla, el sentido de las cosas desde fuera. A aquella mujer que hice llorar. También recuerdo a la que me me hizo llorar. A la mujer que me dio todo sin pedir nada a cambio, que me ofreció amparo y cuidado en la distancia.
Y no me puedo olvidar de la mujer que me enseñó a valorar “el compartir”, la que me ayudó a combatir la soledad, que me enseñó el futuro y me hizo estremecer. Ni a esa mujer que me enseñó el valor del trabajo y el sacrificio, la que me envió “la dignidad de las personas” en forma de libro, la que me escucha y aconseja. A la mujer que no me dejó dormir, a la que me atormenta y a la vez me hizo sentir vivo.
Repito, todas y cada una, no son menos que yo.
Artículo Maruja Torres: http://www.elpais.com/articulo/ultima/hombres/elpepiult/20091126elpepiult_1/Tes

t'envio un petó molt fort!
ResponEliminaMaria.
impresionante xavi!!como siempre escribiendo desde el corazón :)
ResponEliminaun besito!!!
carol.
m'encanta...em dona la sensació que el millor..
ResponEliminapetonet
yo recuerdo al hombre que me entregó en un papel el camino hacía la felicidad... longevo en el tiempo y eterno en el corazón...
ResponEliminala niña de ve bonita la vida