dissabte, 14 de novembre del 2009

el péndulo...


Até el mundo a mi lengua.
Y en todos los rincones del amor puse saliva,
y el cauce desbordado se hizo voz y luego nombre
y por fin un solo grito de placer domesticado
como unas bragas blancas colgando de la silla.
Me hice hereje como quien pide una disculpa,
regando con palabras el misterio, renegando,
pidiendo causas donde sólo había huellas,
hablando de las cruces como de una mercancía.
E impuse a los amigos la verdad de mis encías,
creyendo que la vida me avalaba y me bastaba,
que mi deuda con los hombres era acaso una falacia.
Entonces el péndulo se detuvo. Y tanto me pesaron
el orgullo y sus soledades que mi lengua se rompió
y el mundo echó a rodar conmigo encima.

Tal vez mañana pueda por fin encontrar el lugar.

3 comentaris:

  1. siempre queda esa saliva...

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  2. sutil y esperanzadora...
    lo mejor de la saliva es que se renueva... y el mañana siempre llega!

    besos

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  3. las cosas no se atan a la lengua... la lengua siempre tiene que dejar cabos sueltos

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