dilluns, 5 d’abril del 2010

Una despensa de sabores, olores y pasión

"Todo curioso viajero guarda Granada en su corazón, aún sin haberla visitado", escribía William Shakespeare sobre la capital del reino nazarí. Algo así me sucedía hace unos días con la diferencia de haber tenido ya, una primera toma de contacto años atrás.

Para recorrerla tomé como punto de partida a Hasan bin Muhammed al-Wazzan al-Fasi. Este incansable viajero nació en Granada en 1488 y allí permaneció hasta la toma de la ciudad por los Reyes Católicos. Posteriormente tuvo que exiliarse a Fez, desde donde iniciaría multitud de periplos y aventuras por todo el Mediterráneo. Llegaría a servir al Papa León X (quien le bautizó con el nombre de León el Africano). Allí tradujo las cartas de San Pablo al árabe y escribió su obra más importante; Descripción de África y de las cosas notables que ahí hay.
Amin Maalouf, en 1986, escribió una novela sobre su vida de la que ya solo la introducción es un poema sobre el sentido de la existencia. "...¿qué he ganado? ¿qué he perdido? ¿qué he de decirle al supremo Acreedor? Me he prestado cuarenta años que he ido dispersando a merced de los viajes: mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en El Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia."

En la falda del macizo más alto de la península, Sierra Nevada, fue capital del Reino Zirí de Granada, durante el siglo XI, protagonista durante el periodo bereber, en el siglo XII, y del Reino Nazarí de Granada entre los siglos XIII y XV. Tras la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, se mantuvo como capital del Reino castellano de Granada. Así que en cuatro días he sentido y vivido en tantas partes de sendos mundos. Como León el Africano no se sentía de ningún lugar, Granada tampoco se posiciona, resulta una ciudad hija del camino, conformada por la travesía de aquellos que han pasado, una ciudad que no es sino de Dios y de la tierra.

Por las calles de Granada he sentido el bullicio de los bazares de Fez, el sosiego de las cumbres paseando por el Sacromonte. He notado a orillas del Darro la paz del que quiere reposar bajo la sombra de la Alhambra, cual anciano que descansa, aún joven, en lo bajo de un nogal. He sentido la pasión de su gente por el prójimo, el sentimiento de sus fieles portando las más bellas tallas por las calles del Realejo. Esta Semana Santa, Granada respiraba devoción, respeto y culto.

También he dado un paseo por el futuro, de la mano de un pasado que marca y rige los trazos de Campo Baeza. He disfrutado de su belleza, de la sutil armonía, del bello monolitismo pero sobretodo de la luz.

Estos cuatro días me he sentido desbordado por los olores de Granada. El olor a musgo fresco del paseo del Darro, el aroma a azafrán de los aljibes, el frondoso olor a rocío matutino de los cipreses del Albaicín, el olor a miel de los fresnos áureos del avellano. De los sabores mejor no hablemos. Como diría Guti: pim pam, pim pam, tapas vienen tapas van. Simplemente increíble.

Decía su poeta más influyente, García Lorca, que "Granada es una ciudad para la contemplación y la fantasía, una ciudad donde el enamorado escribe mejor que en ninguna otra parte el nombre de su amor en el suelo".
Tienes razón.

1 comentari:

  1. simplement genial
    quanta raó tenen tant Lorca com Shakespeare...

    gràcies per aquestes paraules!

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