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divendres, 25 de setembre del 2009

Bruxelles... los inicios

Este verano ha sido lo menos parecido a un verano que he pasado en mi corta (o ya no tanto) vida. Apenas una escapada de 4 días a Bruxelles para visitar al Peputo, que como hasta ahora nunca nos había invitado, no habíamos tenido el placer de conocer esos lindos parajes del norte europeo. La verdad es que el viaje pintaba bien, el grupillo de siempre, si me permitís llamarlo así, reunido de nuevo ante un proyecto nuevo, un territorio jamás explorado, el de armarnos con maletas y adentrarnos en un viaje juntos.

No empezó mal el viaje. Previa partida Xinfín y un servidor decidimos que para dormir 4 horas e ir con la caraja, nos pasaríamos la noche de risas tomando unas (cinco) birras y dormiríamos en el avión. Casa Verde, Terrassa Faktoría i casa meva, con subida esporádica para defecar y “arrasamiento” de nevera de madrugada. De esta forma esperamos a Puça y Marius. Primeros contrastes, uno con mochila de montaña, otro con bolsa deportiva y los otros dos sus respectivas maletas homologadas, de exitosos ejecutivos. La llegada al aeropuerto, con poco tiempo de margen y con un cambio de Terminal de última hora que nos hace recorrer el Prat a ritmo de Bolt.

Al aterrizar en Bruselas, como nos había anunciado Pepe. Nada más bajarnos del avión tuvimos que sacar el plumón y la bufanda debido al frío, aproximadamente 38 ºC a la sombra. Visita a la Danone, comida en un parque y para casa a dormir la siesta.
La casa merece párrafo aparte, no por ella sino por la utilización del espacio en este viaje. Una célula mínima, muy bien aprovechada para dos pero que cuando se multiplicaron los ocupantes se convierte en una leonera. Primera sorpresa, el somier ha sido destrozado previa llegada nuestra. Nos despierta un diluvio de lo más universal, unos 400 litros por cm2, así que compramos la cena, el botellón y para casa.

La cena tampoco tiene desperdicio, hablamos de todo y de todos. De forma sinusoidal, la noche transcurre entre comentarios varios hasta que hacen aparición la amigas de Pepe y la calma vuelve a nosotros. Pero eso sí, el resquemor empieza a cocerse en el interior de algunos. Tras hablar de “toros un poco” nos disponemos a ir a la discoteca o bar. El Auto stop allí se lleva mucho. Nos para un coche con dos jóvenes muy “salaetes” ellos y nos lleva hasta el centro. Por el camino Xinfin habla con la hermana de la chica por teléfono (que es nigeriana). En la discoteca, festival. Como habían pronosticado los anfitriones estaba lleno de gente negra, para ser exactos 2 en toda la discoteca. Birras, bailoteos, concurso de birras (sin color está claro), risotas, muestra de miembros viriles o en su defecto bolsa escrotal, birras, chinas, puça se ralla, orinamientos a modo aspersor de riego, birras… y para acabar una patatitas fritas y para casa. El viaje no me acuerdo mucho, tenía ya mucho sueño. Fue un fin de noche al son de la comunicación por diferentes medios, en un suelo la mar de majo y bajo el amparo de un alma caritativa que me prestó un cojín.

Bruxelles... el resquemor

El segundo día empezó tarde. Pepe se fue a trabajar y le dio tiempo de volver a casa para despertarnos y marchar a hacer un poco de turismo. Comimos de maravilla ese día. El Quick es un restaurante marcado por su “quality” que se encuentra cerca del Palacio de Justicia, que fue donde empezamos la ruta. Tras él, con previo estacionamiento para despojarnos de ciertas masas que incomodaban nuestro bien estar, visitamos la Grande Place, el niño que mea, la plaza España, la catedral de Notre Damme pero en Bruselas y algunas cosas más. Última parada del día, el Super. Pasamos por casa para ducharnos, ponernos una camisa (premisa básica del viaje, ya que ahí va así la cosa; no shirt, no party), preparamos unos bocatas y hacía una plaza a cenar que hay festival. La verdad es que el ambiente estaba genial, música en la calle y un montón de gente de risotas por la plaza. Una vez finalizado decidimos pasar al botellón... buscamos un sitio no muy agobiante, donde poder beber tranquilamente, y con ambiente visual. Tenemos el lugar ideal, en medio de una rotonda de lo más concurrida. Aparecen 2 elementos en forma de mujer que son de Hamburg y bien que se notaba por su aspecto físico, pero como no les damos mucha bola se van. De camino a la Grande Place una chica nos agradece poder ir con nosotros un rato ya que no tiene amigos y propone ir a un bar africano. Xinfín le falta tiempo para intentar embaucarnos a todos, pero no, al final acabamos sentados en la plaza bebiendo y riendo con los erasmus. Les presento a algunos de los sujetos más característicos:

- Chiqui, ex concursante de GH. Se micciona en todo momento y nunca nadie quiere acompañarla al baño. Pronunció una frase así como: “si franco levantara cabeza…” (que ostia se pegaría con la tapa, contestamos alguno).
- El hombre al que no amaban las mujeres: Este chico no tiene desperdicio y de hecho le voy a dedicar un párrafo entero. Es una de esas personas que debes acoger en tu regazo y darle todo ante cualquier situación. Una persona de esas que el mundo a tratado mal, que el resquemor le guía en sus días y el odio se apodera de sus sentidos. Alegaba que “todas las mujeres son putas”, pero matizaba “hasta mi madre lo es. TODAS.” La vida se había comportado injustamente con este pobre galán, que se encaraba hasta con las señales de tráfico. La mujer que ocupaba su corazón, tal vez si hubiera sido un poco como las gallinas pero de ahí al drama que montó. Sentí lástima de no poder ayudarle, aunque Marius y yo intentamos convencerle que tal vez quedara alguna mujer que no fuera como el suponía que eran todas, pero se negaba en rotundo. Ánimo amigo, estamos contigo.
- La etílica o mejor dicho lo siguiente: Uno de esos especímenes que bebe y se vuelve insoportable. Pues no, mucho peor que insoportable. Iba mostrando su sujetador a los presentes a grito de “joder, mírame las tetas”. Lamentable.
- Ade, Blanca y una chica extremeña, que fueron unas grandes compañeras de fiesta los dos días, aunque cierta, se alcoholizara por querer competir con un profesional de la velocidad.

Habían hasta 30 personas y cuales escolares, nos presentamos en la puerta del YOU, más conocida como la mejor discoteca del planeta. Nos recibe un portero de lo más “amable”. En un alarde de arrogancia, supremacía, liderazgo y arrogancia de nuevo, marca las pautas para poder entrar en su discoteca. Nos negamos a entrar algunos, para dar de comer el gilipollas de los cojones pero la mayoría manda y entramos. Dentro espectacular, un espacio de unos 100 m2, lleno de niñas menores de edad, con alcohol malo y música… normal, eso sí, como lugar para desayunar estaba de lujo. Decidimos volver al sitio de la otra noche. Allí lo pasamos mejor, algunos, otros no tanto. Ciertos empujones y alguna que otra rencilla suelta. Para acabar, de nuevo patatas fritas en los marroquís y al metro con cánticos culés. En el metro, en un momento de debilidad Pepe y Chiki pegan un trago a una botella de Vodka porque la tía está buena y por poco echan hasta la última papilla. La noche acaba de nuevo en ese suelo tan estupendo.

Bruxelles... el desenlace

Por la mañana hay que levantarse pronto para ir a visitar Gante y Brujas. Pues eso, a las 3 del mediodía nos despertamos. Nos da solo para uno de los dos sitios así que no metemos en un tren y para Brujas, la Venezzia del Norte. Nos costó 2 horas cerciorarnos de tal calificativo pero al final descubrimos que sí, que había algún canal. Puça decide comprar un reloj de bolsillo y nos deja “bocavadados” con su inglés de Michigan y posteriormente casi es atropellado por un ciclista. Pepe está hasta los cojones de nuestras bromas sobre el You y demás elementos varios del viaje, Marius y yo no paramos de recordar al Niño Balón y al resquemor de aquel pobre chico y Xinfín plasma en fotografías todo aquello que encuentra a su paso. El viaje de vuelta fue de lo más divertido. Mario y yo nos cogemos la mano ante el asombro de nuestros compañeros de butacas (dignos de analizar pero que no entraré ahora). Por la ventanilla vemos campos verdes y en todos ellos vacas. Decido que en la próxima vida quiero ser vaca. ¿Porqué? Pues porque te mueves a tu antojo, no necesitas estar en sociedad, la crisis no te toca directamente, no hay problemas de trabajo, comes y descomes lo que se te antoja, con levantar el rabo ya te montan, todos los días te tocan las tetas y los cuernos no te los ponen, vienen de serie.

Llegamos a Bruxelles y hacía el restaurante a tomar el plato típico. Esto me sorprendió, se trataba de un restaurante en el que te servían los mejillones al vapor tradicional pero posteriormente condimentados con lo que tú quisieras. Había unos 30 tipos de mejillones diferentes, que se servían en una olla enorme y se acompañaban de patatas fritas. Me encantó el sitio y la comida.

Como colofón, el fin de fiesta fue en el Delirium Tremens, más conocido como la cervecería con mayor número de cervezas diferentes del mundo. La friolera de 2003 tipos de zumo de cebada. Probamos unas 13, todas muy diferentes y entorno a una mesa solucionamos el mundo, más bien nuestro mundo. Desde cosas de pasado hasta los más recientes resquemores. Sirvió para aclararnos y hacernos más fuertes, una experiencia diferente pero llena de amistad. El viaje se acaba. Salimos de casa despidiéndonos de la aspiradora rota, la tapadera de la cazuela fracturada, el pesto de hacía tres días exigiendo un lavado y un desorden extremo en cada uno de los rincones del apartamento. Tren hacia el aeropuerto, cacheo exhaustivo en el control policial y para casa.
Fin del viaje, fin de las vacaciones.