Este verano ha sido lo menos parecido a un verano que he pasado en mi corta (o ya no tanto) vida. Apenas una escapada de 4 días a Bruxelles para visitar al Peputo, que como hasta ahora nunca nos había invitado, no habíamos tenido el placer de conocer esos lindos parajes del norte europeo. La verdad es que el viaje pintaba bien, el grupillo de siempre, si me permitís llamarlo así, reunido de nuevo ante un proyecto nuevo, un territorio jamás explorado, el de armarnos con maletas y adentrarnos en un viaje juntos.No empezó mal el viaje. Previa partida Xinfín y un servidor decidimos que para dormir 4 horas e ir con la caraja, nos pasaríamos la noche de risas tomando unas (cinco) birras y dormiríamos en el avión. Casa Verde, Terrassa Faktoría i casa meva, con subida esporádica para defecar y “arrasamiento” de nevera de madrugada. De esta forma esperamos a Puça y Marius. Primeros contrastes, uno con mochila de montaña, otro con bolsa deportiva y los otros dos sus respectivas maletas homologadas, de exitosos ejecutivos. La llegada al aeropuerto, con poco tiempo de margen y con un cambio de Terminal de última hora que nos hace recorrer el Prat a ritmo de Bolt.
Al aterrizar en Bruselas, como nos había anunciado Pepe. Nada más bajarnos del avión tuvimos que sacar el plumón y la bufanda debido al frío, aproximadamente 38 ºC a la sombra. Visita a la Danone, comida en un parque y para casa a dormir la siesta.
La casa merece párrafo aparte, no por ella sino por la utilización del espacio en este viaje. Una célula mínima, muy bien aprovechada para dos pero que cuando se multiplicaron los ocupantes se convierte en una leonera. Primera sorpresa, el somier ha sido destrozado previa llegada nuestra. Nos despierta un diluvio de lo más universal, unos 400 litros por cm2, así que compramos la cena, el botellón y para casa.
La cena tampoco tiene desperdicio, hablamos de todo y de todos. De forma sinusoidal, la noche transcurre entre comentarios varios hasta que hacen aparición la amigas de Pepe y la calma vuelve a nosotros. Pero eso sí, el resquemor empieza a cocerse en el interior de algunos. Tras hablar de “toros un poco” nos disponemos a ir a la discoteca o bar. El Auto stop allí se lleva mucho. Nos para un coche con dos jóvenes muy “salaetes” ellos y nos lleva hasta el centro. Por el camino Xinfin habla con la hermana de la chica por teléfono (que es nigeriana). En la discoteca, festival. Como habían pronosticado los anfitriones estaba lleno de gente negra, para ser exactos 2 en toda la discoteca. Birras, bailoteos, concurso de birras (sin color está claro), risotas, muestra de miembros viriles o en su defecto bolsa escrotal, birras, chinas, puça se ralla, orinamientos a modo aspersor de riego, birras… y para acabar una patatitas fritas y para casa. El viaje no me acuerdo mucho, tenía ya mucho sueño. Fue un fin de noche al son de la comunicación por diferentes medios, en un suelo la mar de majo y bajo el amparo de un alma caritativa que me prestó un cojín.
